YOGA
20 Junio 2009, por admin

El yoga es un sistema filosófico hinduista, del que una parte, el Hatha Yoga, trabaja con el cuerpo: es un conjunto de posturas que vigorizan y favorecen la relajación del cuerpo y la mente, la meditación y la flexibilidad. El experto Iñaki Iriondo inicia a Maxi en esta disciplina y le enseña algunas posturas básicas para practicarla.
Comienza por la más conocida: la postura del loto, con las piernas cruzazas sobre el suelo y las manos relajadas sobre las piernas con las palmas hacia arriba. Permite a la persona volverse hacia sí misma, centrarse en su interior, ayudándose con unas respiración profunda (notando como se hincha y se deshincha el vientre).
Después, en pie, entrelazamos las manos, les damos la vuelta y vamos poniéndonos de puntillas hasta estirar completamente los brazos y la columna. Después acabamos el ejercicio estirándonos hacia un lado y luego al otro para abrir las costillas.
A continuación, con los brazos a la altura de las clavículas, giramos hacia un lado y al otro suavemente, rotando la columna y describiendo un círculo con el brazo del lado en cuya dirección giramos.
Después, con las manos a la espalda, cogemos mucho aire abriendo el pecho ye expiramos bajando el tronco hacia el suelo.
Con el cuerpo recto cogemos luego un pie y apoyamos su planta en el muslo contrario, mientras elevamos el brazo contrario al del pie para mantener el equilibrio. Repetimos con el otro lado. Después hacemos lo mismo pero agarrando el pie por detrás del cuerpo y estirando esta vez el brazo del mismo lado del pie.
Con las rodillas en el suelo, ligeramente entreabiertas, doblamos el tronco con los brazos por delante hasta estirar por completo la columna mientras expiramos. Cuando lo hayamos hecho rotamos el cuerpo hasta quedar bocarriba. Elevamos las piernas estiradas hasta llevarlas por encima de la cabeza.
Volvemos a ponernos de cara al suelo y mientras mantenemos las caderas y las palmas apoyadas, elevamos el tronco hacia atrás, separándolo del suelo. Luego nos cogemos los pies por detrás de la espalda, manteniendo la cadera en el suelo y elevando tronco y pies.
Para finalizar, con rodillas dobladas sobre el suelo y brazos en la espalda, bajamos el tronco y la cabeza hasta tocar el suelo para irrigar toda la cabeza.
Iñaki sostiene que “con una columna flexible hay un corazón contento y una persona joven física y mentalmente”.








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